domingo, 3 de febrero de 2013

MUNDO RARO/CIELO ROJO (82)


¿Cuál sexo es moral? En busca de una respuesta, he realizado prácticas de campo. Para todo el que se haga la misma pregunta, pongo a consideración el poema “A Woman Waits For Me”, de Walt Whitman. El poema puede ser útil para ponderar soluciones, de preferencia en compañía, no necesariamente leyéndolo, sino tal vez jugando a dígalo-con-mímica. En los descansos, se puede leer en voz alta.
               El poema empieza diciendo: “Me espera una mujer. Le cabe todo. Nada le falta. Sin embargo, todo faltaría, si el sexo faltara…” De acuerdo. Sigue una lista que ahora no viene al caso y luego dice: “El varón que a mí gusta, sin vergüenza alguna conoce y acepta la deliciosidad de su sexo; la mujer que a mí me gusta, sin vergüenza acepta y conoce la suya.”
               Ya que a Whitman le importaba tan poco la corrección gramatical, igual pudo haber escrito “deliciosérrima deliciosidad”. Y estoy de acuerdo. La conducta sexual moral exige que no haya vergüenza. Pero chocamos contra una tautología, puesto que, si una conducta la produce, es imposible que sea moral.
               Dice Whitman: “No tengo nada qué ver con mujeres impasibles.” Lo mismo digo yo. “Mejor me quedo con la que me espera.” De acuerdo. “No son ni un ápice menos que yo. Su rostro está bronceado por los soles que brillan, por los vientos que soplan; su carne tiene las divinas, las antiguas fuerza y elasticidad; saben nadar, remar, cabalgar, luchar, tirar, correr, golpear, retroceder, avanzar, retroceder, defenderse. Por derecho son cabales, son calmas y claras, tienen porte.” De acuerdo también. Para mí, las mejores mujeres son Región 4 modelo 4x4.
               Para este momento, Whitman, que moralmente me parece no solamente sano, sino como diría mi abuelita, “muy sanote”, empieza a decir cosas que me ponen a pensar. Para empezar, lleva rato hablando en plural: “Me las acerco, o mujeres, no puedo dejarlas ir.” O sea, quizá pueda haber sexo moral con más de una.
               Y luego, este gringo tan sanote empieza a hablar de que él engendra y ellas conciben, que es de lo que modernamente huimos, como si fuera la peste: “soy para ustedes y ustedes son para mí, y no solamente somos uno para el otro, sino que somos para otros, pues envueltos en sus sueños hay héroes y vates que, para surgir, aguardan a que yo las toque”.
               No sé los demás, pero yo nunca he tenido cruda cuando, enredado y confundido con mi deseo carnal, ha estado presente este deseo: “En ustedes desembocan los crecidos ríos de mi ser, en ustedes envuelvo mil años de porvenir, en ustedes planto los injertos de lo que más amo de mí y de mi patria; para que en ustedes germinen muchachas feroces y atléticas, músicos, cantantes, yo destilo gotas; los bebés que siembro en ustedes llegarán a cosechar bebés.” Cuando he tenido este deseo, a lo mejor he sentido pavor de que se cumpla, pero no vergüenza de mi conducta sexual.
                “A cambio de gastar mi amor, exigiré hombres y mujeres perfectos, y estaré esperando que se compenetren, así como tú y yo nos compenetramos ahora.” Y creo que entonces el poema da en el clavo de la moralidad de la conducta sexual: el sexo es moral cuando me puedo recrear en esa actividad, deseando sinceramente que el hijo producto de ésta goce intensa y extensamente de la misma experiencia. Sería perfectamente moral, si pudiera desear lo mismo para mi hija.
               Y entonces me pongo a pensar…