domingo, 13 de enero de 2013

MUNDO RARO/CIELO ROJO (79)


Por Mauricio Sanders


Es falso que las prostitutas vendan sexo. Venden relaciones sexuales. En la tierra amable y fecunda donde ahora habito, con cien dólares puedes comprar, además de un revolcón con prefacio y epílogo, un montón de bondades: conversación agradable, olor rico, cariños lindos, palabras suaves. Por no mucho más, además de los brincos que aguantes, puedes platicar con alguien que hace pipí mientras tienes espuma de rasurar en la cara y tomar un desayuno con división del trabajo, porque tú exprimes el jugo y haces los huevos, y ella pone la mesa y lava los platos. Hasta para unos momentos de oración te alcanza con doscientos dólares, mientras no seas un pinche chango grosero.
            Como todos los cuentos de hadas, ésta forma de relacionarse con una mujer tiene una misteriosa prohibición: no se vale repetir. La magia se desvanece si pretendes que, cuando te vuelvan a dar ganas, Jessica sea la misma Jessica o Ximena la Ximena de la otra vez.  Pero al cambiar de perfumes, caras y nombres, se va produciendo una tristeza horrorosa. A las prostitutas de primera de esta tierra amable no les gusta amarchantarse. Son igual de humanas que uno y a los humanos nos gusta ser uno para el otro, ilusionados que es para siempre, aunque nomás dure tantito.
            Surge otro problema al echarle número. De a 150 dólares por noche, el presupuesto mensual por concepto de compañía femenina apropiada asciende a 4500 USD. Como no hay muchas chambas que permitan cubrir esta partida, con el curso de los siglos se ha establecido una solución semi provisional que llamamos “amor”.
            Sea tu esposa, novia, quelite o como la llames, el chiste está en que esta chava, cada mes, está entregando, libre a bordo en tu puerta, bienes y servicios que tienen un valor de mercado de más de 50 mil pesos mexicanos, al tipo de cambio de noviembre de 2011. O sea que, además de ahorrarte anualmente el valor de un Mercedes Benz, encima te emputas cuando la chava  te pide, ni tan siquiera que le compres un reloj, aunque sea Mido, sino que veas con ella una chick flick sin criticar.
            Para que el trato fuera parejo, a fin de año habría que entregar estado de resultados:
            —Mi amor —le tocaría al hombre preguntar —, a lo largo de estos doce meses, entre el modo en que te miro, te hablo, te toco, entre los regalitos que te pude hacer, la casita que te pude poner, el carrito que te pude comprar y las dos vacaciones al año que puedo pagar con mi chamba, ¿sientes que todo eso vale 54 mil dólares? —como las mujeres son bonitas, tu chava, después de este ejercicio contable, te va  a mirar como si fueras marciano y, si no te da una cachetada, te va a dejar de hablar una semana.
            La próxima vez que te manden a volar, no te ardas tanto. Recuerda lo que enseñan las prostitutas y piensa que, si una chava te dio tres, seis o nueve meses, cuatro, seis o diez años, nunca tuviste que desembolsar en efectivo el valor de mercado por los bienes y servicios recibidos. Te hicieron un regalo. Saliste ganón. Antes de mentar madres, pregunta:
            —¿Y ella qué sacó?