domingo, 6 de enero de 2013

MUNDO RARO/CIELO ROJO (78)


Nunca el padre Scooter se ponía tan serio como cuando decía:
—Todo el amor es bendición —se refería a las parejas de novios que iban a verlo para pedirle que los casara. “Es que queremos que nos dé su bendición”, le decían. El padre Scooter, chaparrito, canonista y calvo, ya mejor ni los adoctrinaba ni los sermoneaba ni nada. Nada más los casaba. Después se desahogaba:
—¿Pero qué me creen a mí? ¿Que soy médico-brujo? ¿Que les echo polvos mágicos y les digo abracadabras y preparo conjuros y pócimas?  Yo no les puedo dar nada. Si dos se aman, ya están benditos. Todo el amor es bendición.
Scooter aludía a un hábito mental ampliamente extendido, por medio del cual automáticamente clasificamos a nuestros amores en buenos y malos. No sé, pero tal vez Scooter era profundamente tomista, incluso podría ser que profundamente cristiano, cuando implicaba que no puede haber amores malos. Si es malo, no puede ser.
—¿Y yo qué? —nos decía Scooter. Nos contaba de una feligresa de la que se enamoró. Y de la vez que la fue a visitar a su casa. Pero ya no nos contaba de lo que pasó después, sino que se seguía hasta la parte en que se fue a confesar con alguien mucho más viejo.
—Yo era muy joven —nos decía Scooter a manera de disculpa —. Me sentía horriblemente culpable. Y aquel padre me dio la absolución y me dijo: “Pero más bien revisa por qué sientes tanta culpa. Si pecaste, fue un pecado de amor. Lo que hiciste tuvo mucho de bueno. Da gracias por lo bueno, porque puedes estar seguro de que, por lo menos, eso lo puso Dios. El placer lo pone Dios. Pone el gusto, el gozo. ¿Gozaste? ¿Disfrutaste? ¿Ella también? Da gracias. Preocúpate en serio cuando eso ya no te pase.” —Scooter paraba un momento y, tras quedarse un rato con sus pensamientos, retomaba el hilo de la conversación:
—Pecas cuando necesitas algo cada vez más, pero lo disfrutas cada vez menos. Sabes que estás en pecado cuando te sientes harto de todo, pero lleno de nada.
El mandamiento dice: “No fornicarás.” Dependiendo de la traducción, también se puede leer como: “No cometerás adulterio” o “No cometerás actos impuros”. No obstante, se le tiende al hombre una trampa, al querer forzar la interpretación del mandamiento a que diga: “No fajarás ni cogerás más que con tu cónyuge con quien te casaste, de preferencia en un juzgado y en la iglesia.”
—Por supuesto —decía Scooter, no nos fuéramos a desbalagar —, se puede pecar al coger y fajar. Pero también cuando comes sándwiches de mermelada. Y para el caso, hay gente que peca cuando va a la iglesia, porque la hace sentir que es mejor que los demás, más pura y limpia que los demás. Normalmente, el pecado no está donde pensamos, sino en lo demás. En los amarres, enganches y tormentos emocionales, en los chantajes, en las mentiras…
Me gustaría decir que vivo en un cosmos donde ahora Scooter es pastor de una diócesis, pero la verdad es que nunca ha sido bienquisto de su obispo y la parroquia donde ahora trabaja es más chafita que la anterior. De El Pedregal lo cambiaron al Ajusco. Pero incluso en el Ajusco, Scooter se ponía muy serio cuando decía:
—Si el sexo no es un esclavo, entonces es un tirano. Pero cuando Dios llega, hasta Venus y Eros se pueden quedar… 
Hoy acaban las Pascuas de Navidad. Dios está con nosotros.