domingo, 30 de diciembre de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (77)


Por Mauricio Sanders

Convidé de mis alegrías a naturales de la tierra:
—Deh. Saben a palomitas —fue su apreciación del amaranto amasado con miel de abeja. Enseguida, me puse a seguir su conversación acerca del desempleo:
—Mae, te acostás con cinco maes, mae, y seguro quedás embarazada.
—Sí, pero qué pereza, mae.
—Como no sabés de quién, buscás al que tenga más plata, mae.
—Y lo demandás —terció una que demenuzaba, aburrida, alegrías con los dedos de pianista.
—A las 24 horas, tiene que darle la platica de la pensión. Y si el mae quiere salir del país, tiene que dejarle lo de trece meses, porque si no, no sale. A mí me pasó con un mae con el que me iba a ir de finde a la playita.
—¿Y vos qué hiciste?
—Pues me fui sola. Al chile, mae, el tiquete de avión lo compré demasiado barato. Un caraepicha no me iba a estropear mi plan.
Por supuesto, me dieron ganas de pedirles que me devolvieran mis alegrías. Pero ya las habían mordisqueado. Frustrado como me sentía, me puse en los zapatos del pobre güey al que demandaron. Para empezar, el primer año de pensión ya no se lo quita, ni aunque, cuando el juez dicte sentencia, resulte que no es progenitor biológico de la criatura. Y para como funcionan los juzgados de esta tierra amable y fecunda, que funcionan igualito que los nuestros, solamente que lo hacen en el país que es pura vida, le salió barato si le tocan nada más doce meses de pagar los gastos de un hijo que no es suyo.
En una de ésas, en el pleito se le van diez años, porque a lo mejor el perito se pone técnico y pide repetir y repetir y repetir las pruebas de ADN, hasta que quede demostrado fuera de toda duda que él no es el padre, lo cual, con el grado de avance de las ciencias lógicas y biológicas, es complicadísimo. Si el perito no es perito sino perita, y si la juez es jueza, a lo mejor se le pasan los siguientes veinte años de vida.
Para cuando por fin el güero logra demostrar que el negrito no es hijo suyo, la demandante tiene otros cuatro fulanos para irlos demandando uno por uno, formaditos del que tenga más lana al que tenga menos. Tiene plaza por cuatro años. El negocio es redondo, sobre todo porque, a la mitad de la vida útil del segundo varón, la mujer vuelve a quedar preñada en lotería, por obra de cualquiera de cinco babosos que compraron boleto para la rifa del tigre.
Este sistema ejecuta venganza contra los varones por no haber tratado a la mujer como a una dama, aunque la dama se trate a sí misma en otra calidad. Con él, una fregona industriosa podría señalar a su vecino, con quien nunca jamás ha cruzado ni media palabra, y exprimirle un modus vivendi. En lo que el otro acumula prueba negativa tras prueba negativa, hasta probar que ni siquiera le ha hablado a la mujer de marras en su vida, ya todos los involucrados se murieron de viejos y la mujer la libra de ir a dar a la cárcel por pérjura.
En este sistema, los varones ya no se chingan a las mujeres. Ahora es al revés. Que éste no sea el caso, demuestra que, en su mayoría, las naturales de la tierra tienen decencia y honor, y no son como aquellas a las que tuve el mal tino de convidar de mis alegrías.