domingo, 18 de noviembre de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (71)


Por Mauricio Sanders

Ahora que el cielo es rojo, por la ciudad principal de esta tierra amable pende una advertencia en las paradas de camión.
—Si te ofrecen encontrar a tu PAREJA IDEAL

¡CUIDADO!

Letras blancas de un metro de alto precaven contra la trata de personas. Ahora que el mundo es raro, las enfermedades venéreas migran del ámbito personal, para mutar en retrovirus que atacan el cuerpo social.
            Ahora que el mundo es raro, vamos en pos de la “pareja ideal” de muchas y diversas maneras. Para honra de la raza del hombre, no nos hemos cansado de buscar. Como testimonio, están los anuncios personales del aviso oportuno, pequeños poemas en prosa del género epistolar que se dirigen a todos y a ninguno, como mensaje en una botella, y que en algo se parecen a los ex votos, pero están impresos en papel periódico, que al tercer día amarillea. Ni las élites cultas de la modernidad se libran de hermanarse en la búsqueda del pueblo llano, como lo muestra este anuncio, traducido del New York Review of Books:

YO: rubia mediana, cuerpo de pajarito, ojos azules a la Anna Karenina. Sana mezcla de fresez veinteañera con hondura literaria. Aprendiz de escritora en ratos libres, busco pareja misteriosa y romántica. TÚ: intelectual simpático capaz de disfrutar cine de arte. Varón viril culto inclinado a la izquierda con espíritu de aventura. Una de dos: alto y guapo al viejo estilo europeo, nariz aristocrática inclusive, o vaquero toscamente atractivo. Quítome el sombrero si ambos.

Pero la advertencia dice: “¡Cuidado!” Hay peligro en buscar al amor de tu vida, ahora que sabemos muy poco unos acerca de otros, por medio de las redes tradicionales, vecinos, amigos y parientes con quienes interactuábamos física y presencialmente en ocasiones repetidas por lapsos generosos, y que nos tardamos todavía más poco en entrar demasiado adentro de una persona, donde ya no es tan fácil dar marcha atrás sin romper el encanto con palabras duras y gestos desagradables.
         El cemento que une a las sociedades es la confianza y la confianza se está corroyendo hasta para la forma de relación humana que simboliza la plena confianza, que no es lo mismo que confianza ciega. Tras la revolución sexual no nos hicimos más hermanos. Nos estamos haciendo más extraños en un Hades poblado de fantasmas, que no es ni Asgard ni Olimpo. No estamos más cerca de ser como dioses.
Ahora que el Estado invade esferas de lo privado de donde los hombres de una edad dorada lo hubieran echado a palos, no es implausible que una casta de burócratas, asesorada por médicos-psiquiatras, se erija en regulador de la búsqueda en pos de la pareja ideal, así como se regula el consumo de tabaco y la ingesta de carbohidratos. El comité de salud pública debería, a la vez que seguirnos exhortando a la promiscuidad, pues es un eficaz disolvente de los vínculos sociales intermedios entre individuo y Estado, legislar para hacer obligatorio que cada camarada/ciudadano porte una leyenda sobre el pecho:
 —El abuso en el consumo de este producto es nocivo para la salud.
No sé. Quizá los médicos del comité de salud pública de la revolución inventen un día el condón para el alma.