domingo, 29 de julio de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (55)



Por Mauricio Sanders
Ahora que el sexo es fácil, era para que “coger” hubiera dejado de ser una mala palabra. Sin embargo, casi nadie quiere decir un cumplido cuando dice: “me la/lo cogí”, como si casi nadie estuviera seguro de que el objeto directo de la oración salió beneficiado, tras que el sujeto tácito realizó esa acción. Podría suponerse que “coger” ha dejado de ser un problema, pero el lenguaje indica que el problema podría haberse hecho mayor.
Incluso fuera del contexto sexual, se dice “me la/lo cogí” como una fanfarronada brutal, implicando que lo/la dejó más miserable, más vil de como la/lo encontró, sea en la cama, un negocio o juego. Si de verdad fuéramos más libres, entonces “coger” debería poder decirse con tanta libertad como se dice “sonrisa”, “sol”, “nube”, “flor”, “amigo”. Enseñar al que no sabe. Dar buen consejo al que lo necesita. Corregir al que se equivoca. Cogerse al jarioso. Estas oraciones deberían ir en la misma lista, si fuéramos más libres.
 Por supuesto que hay contextos en los que me emociono como un enano si escucho las palabras: “Te voy a coger.” Pero casi siempre estas palabras se emplean en tono de amenaza. Es más, son las palabras que piensa un cobarde, sin revelarlas hasta que comete su traición. A uno que le dicen “pa”, “papito”, “papacito”, a veces “mi amor” o “mi chiquito”, algunas mujeres, en el contexto en que se dicen cosas como “vámonos al piso” o “ahora de perrito”, le dicen: “Cógeme”. Fuera de ahí, esa palabra solamente tiene sentido en una declaración como ésta:
Güey, me la dejaron ir doblada. Fue como si me pusiera de pechito y le dijera: “Cógeme”.
            Es poco frecuente que dos se pongan de acuerdo para ir a coger conjugando en sus modos y tiempos el verbo “coger”. Los planes se hacen con eufemismos y se ejecutan como por accidente.
Cuando el léxico de la sexualidad no está en el conjunto de los insultos, entonces se agrupa con las voces científicas. Como que el idioma no encuentra un espacio de naturalidad con el que los seres humanos podamos expresar una parte importante de nuestras vidas. “Introduce el pene en la vulva” se lee en un manual de zoología. “Le metió el pito por la chocha”, en la pared de un excusado.  
Ni siquiera la poesía, salvo cuando es de factura extraordinaria, sirve para expresar el gozo sexual pleno, el gozo puro que involucra totalmente a todo el hombre que son el varón y la mujer que están cogiendo. “Quiero enseñarte el camino del cansancio”, dice un cierto poema erótico. Yo podría suponer que se me está invitando a ir en coche de Interlomas a Polanco a las seis de la tarde de un viernes de quincena.
Como que el sistema ordenado que es el lenguaje falla cuando ronda en torno al sexo. Y ello quizá quiera decir que el sexo no es un problema sin solución, sino un misterio que se contempla y, cuando dos lo contemplan juntos, entonces es fácil el amor.