domingo, 22 de julio de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (54)



Por Mauricio Sanders


Ahora que el amor es difícil, en parte se explica porque ya no entendemos la palabra “conquista”. Si los romanos hubieran conquistado como nosotros, Francia, España y Austria serían otras tantas Somalias.
         —Pinche Galia, está buena como el melón. Se me hace que la voy a conquistar —anuncia Marco Vitelio Abulón ante el Senado de sus deseos. Y va con Galia, le baja el sol y las estrellas, se la echa al plato y la deja chiflando en la loma.
         —No manches, pero es que Etruria tiene unos dulces de campeonato. Y pus Galia es muy linda y todo, pero neta que yo ya me aburrí —Abulón marcha con sus legiones hacia Etruria y la tumba, roza y quema. Esto no es conquista sino barbarie y, al actuar como Gengis Khan, no solamente preparamos un futuro libio para nosotros mismos, sino que nos privamos de casi todo el placer de conquistar, porque mucho de ese placer toma largo tiempo en prosperar.
Mujer es tierra agradecida. Todo en ella se cumple. Todo llega al verano. Aún no he conocido a la que no me devuelva lo que le di, multiplicado al ciento por uno —y aunque donde sembré vientos, coseché tormentas, también he sembrado otras semillas.
         La conquista no es tan sólo estrategia militar, sino un complejo fenómeno civilizatorio en que ambas partes ejercen recíproca influencia. El resultado final es un pueblo mestizo. Desde que planté mis banderas en Iliria, en Cirenaica, en Dacia, soy mucho más que yo, porque soy mezcla de mi humus con aquellos otros suelos en que me traspalé y entremezclé. La conquista exige perseverancia para entrar, tenacidad para quedarse y presteza para marcharse. No toda mujer es Canaán.
         —Dame cancha. Sal de mi vida —con más o menos cuidado, la mujer expresa estas palabras. Hay que estar listo para obedecer sin devastar la tierra por donde uno se retira. Uno nunca está listo. La maniobra siempre deja su reguero de destrucción.
         La retirada se facilita con la fantasía de que Hibernia será territorio autónomo. Pero pronto llegan los vándalos y después los árabes y cruzan su influencia en aquella con la que formamos, en una etapa de la historia, un solo pueblo. Hibernia llega a ser otra, pero nunca es ajena, hasta que un día, pide amor en cualquiera de sus formas.
         —Hace añales que no sé de ti —te dice en la solicitud de amistad del Facebook—. ¿En qué andas? —y le cuentas, sin mencionar a Lusitania. Ella te cuenta y, si está casada, te contará los problemas que tiene con Filderico el ostrogodo. Si está recién divorciada, puede ser que pida amor no para ella, pero también para ella:
         —Oye, ayúdame plis. Mi hijo de cinco años me preguntó en la regadera que por qué siente tan bonito cuando se le pone dura su pirinolita. Me quedé de a cuatro —si tu conquista lo fue, tratas de contestar, aunque tampoco sabes. Si la conquista lo fue, no reclamas derechos. Si te los ofrecen, tomas los privilegios que se formaron en los tiempos antiguos de los cuerpos dándose batalla.
            Una mujer es un suelo extranjero. A lo mejor se tarda siglos, pero al final entrega el único fruto que sabe dar: amor en alguna de sus formas. Entonces, gustas la gloria.