domingo, 17 de junio de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (49)



Por Mauricio Sanders

Ahora que el amor es difícil, hay que salvar lo importante. Hay que salvar el afecto. Dada la situación presente, a lo largo de su carrera de monógamo en serie un varón acumula durante su vida útil entre 6 y 20 parejas que le duran por lo menos tres meses. El número es aproximadamente el mismo para la poliandria a plazos de una mujer. Ahí, entre primeras caricias y abrazos postreros, hay mucho afecto acumulado. El mundo no está para dejar que se eche a perder. Para conservarlo en buen estado, una institución social alternativa a la monogamia estricta y la familia nuclear podría ser la Comunidad de Ex en Edad Avanzada (COMUNEXEDAV).
            A los 40 todavía puedes decir:
—Te presento a mi novio(a) —no así hacia los 60, porque nada hay más lastimoso como una coqueta vieja ni nada tan lúgubre como un rabo verde. No obstante, las necesidades de afecto, ternura y compresión que caracterizan a los seres humanos siguen requiriendo satisfacción.
El matrimonio está muy bien que haga falta entre los 20 y los 50 años de edad, cuando todavía puedes gustar sin apalancarte demasiado en tu chamba y tu varo. Choro y carita te siguen bastando. Pero después de los 50, ir al cine a comer palomitas con alguien del otro sexo que te cae bien puede volverse problemático. Conforme transcurren los años, las necesidades crecen: alguien que esté al pendiente de que retiren las cubetas donde vomitas, al volver a casa después de la quimioterapia; que te cambie el pañal y, al sentir asco, recuerde que contigo sintió placer y paz, y no nada más que ya mero va a ser el día de que le pagues la quincena.
Para solventar estos requerimientos de la condición humana, en ausencia de familias podrían integrarse sociedades de ayuda mutua que, en la edad provecta, nos faciliten el tránsito al más allá, rodeados de seres queridos con quienes intercambiar consuelo y seguridad. De eso se tratan las COMUNEXEDAV.
La monogamia en serie y la poliandria a plazos generan cantidades considerables de afecto, que crece a tasas marginales decrecientes entre 6 meses y quince años. El divorcio es el mecanismo social que, en teoría, evita que la curva de afecto caiga a tasas crecientes tras la separación. Lo que hace falta ahora es resolver la integral y capitalizar el afecto que infinitesimalmente se ha ido guardando debajo de la curva, beso a beso, caricia a caricia, abrazo por abrazo, y utilizarlo como reserva para la ancianidad.
Una COMUNEXEDAV bien planeada puede recabar entre sus miembros (que conservadoramente pueden calcularse en 169) amplios recursos financieros que le alcancen para comprar, en Atlixco, Tequisquiapan o Cuernavaca, un terreno de diez hectáreas, plantar hermosos jardines con cedros y hortensias, construir cómodas celdas para dormir en solitario (si ya pasaste veinte años sin compartir cama todas las noches con la misma persona, no quieres meter las cuatro patas en la recta final) e instalar vastos, soleados y ventilados salones, con biblioteca con libros de letra grande, juegos de mesa, televisiones de plasma, reproductores de Blue Ray y CD, iPods y todo lo que entonces se use para pasar provechosamente el tiempo.
En un rincón del exuberante huerto que se plantará en el terreno, la COMUNEXEDAV puede construir bungalitos, por si a los viejitos nos dan ganas de meternos, debajo del ventilador, a conmemorar aquellos tiempos, cuando dos almas se dieron batalla cuerpo a cuerpo. Después te mueres contento, rodeado de amores leales y añejos.