domingo, 10 de junio de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (48)



Por Mauricio Sanders

Salvar el afecto se complica cuando la separación es con hijos. “Viudo” se dice de quien pierde al cónyuge y “huérfano”, a uno o ambos progenitores. Pero perder un hijo duele tanto que no existe palabra para mentar al que lo perdió. Y aunque la separación con hijos normalmente implica no más que una mudanza, con la separación todos mueren tantito. Por eso, nadie ha escrito todavía el Otelo que revela la tragedia de quien lucubra que perderá el amor de su hijo, porque otro hombre le enseña a tomar malteada con popote. 
         Para resolver este nudo gordiano emocional también resultan útiles las Sociedades de Hermanos de Atole (SOCHERMAT). En vez de padecer tormentos infernales al imaginar a tu hijo en el sube-y-baja de un parque con un desconocido a quien presupones peor tipo que tú, la SOCHERMAT te puede brindar tanta seráfica tranquilidad que llegues a concluir:
—Al señor Tao le gusta lo mismo que a mí. Yo tengo buenos gustos. Luego entonces, ha de ser buen güey el cabrón y mi hijo está bien en el sube-y-baja con él —por supuesto que aquí no se llega de la noche a la mañana, sino que hay que asistir regularmente a las reuniones de la SOCHERMAT, leer a diario sus publicaciones, tomar café a intervalos regulares con el padrino y llamar por teléfono a los otros socios. Pero si eres constante, acabas por llegar y entiendes que quieres a Equis y Equis te quiso, o a lo mejor hasta te quiere, nada más que ya no se aguantan. Equis se va a encontrar otro que, con o sin tu consentimiento, se va a acostar a ver la tele con tu hijo y lo sacará a dar una vuelta en kayak, moto, caballo o lo que sea aquello padrísimo y peligroso en que, además de en Equis, le guste montarse.
No será raro que un socio de la SOCHERMAT deba confiar a otro(s) tareas como explicarle al hijo que tuvo con Equis quién es Santa Clos, por ejemplo. De la destreza con que Tao ejecute tareas como ésa pueden depender rasgos cruciales de la personalidad del niño, por seguir con el ejemplo, que pueda confiar en aquellos que no ve. Otrosí, un socio puede ser el que alguna vez le tenga que poner una nalgada a tu hijo, para evitar una tragedia mayor en años venideros, con adolescentes borrachos y coches. Pero si le vas a confiar tu chavito a otro cabrón en los días que no te toca llevártelo de fin de semana, igual le podrías confiar un poder notarial y una pistola cargada que te apunta a la sien. Ahí radica el incentivo principal para formar una SOCHERMAT. Tu paz depende de que puedas aceptar honestamente:
A Equis ahora le gusta el señor Tao. A Equis le gusté yo. Es decir, le gusta lo bueno. Luego entonces, ha de ser buen güey el cabrón ése del señor Tao y mi hijo está bien en el sube-y-baja con él.
En caso de que el socio que engendró al hijo en Equis emigre de forma permanente al Otro Lado o al Más Allá, la SOCHERMAT permite que ciertos rasgos de su carácter, ciertas idiosincrasias de su personalidad, ciertas regularidades de sus hábitos, se prolonguen a lo largo de los siglos del porvenir. Incluso desde el punto de vista genético, la SOCHERMAT es mejor estrategia que la monogamia estricta, ahora que los miembros de nuestra generación tenemos pocos hermanos, no vivimos en los mismos terrenos que nuestros primos y que el cielo es rojo y el mundo, raro.