domingo, 20 de mayo de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (45)



Por Mauricio Sanders

En la tierra amable y fecunda donde habito, el Centre pour l’Observation des Hauts Singes publicó los resultados de un experimento realizado en la selva con dos monas tití, Atala y Talita. A pesar de ser dos monas con hábitos diferentes, en ambas el experimento arrojó resultados semejantes, lo cual puso a cavilar a los científicos. Cavilemos a su vera.
            Atala es una tití en la juventud temprana, muy bien formadita, que se dedica a la prostitución por su cuenta, mientras sigue los estudios del bachillerato técnico en comercio exterior, pues se prepara para agente aduanal. Atala se ayunta con los monos que se lo pidan, siempre y cuando paguen por adelantado. No acepta cheques ni tarjetas de crédito. Talita, por su parte, está entrando a la madurez y su profesión es ama de casa. Estado civil: divorciada. Al igual que Talita, está muy bien formada, a pesar de haber producido dos camadas de monitos tití que le dejaron estrías en muslos y abdomen. Talita  es más selectiva que Atala: copula exclusivamente, por un periodo entre seis meses y un año, con un “novio” que, al concluir su periodo, se ve reemplazado por otro macho de refresco, con intervalos de descanso de entre dos y cuatro semanas para la mona.
            Para el experimento, los científicos colocaron a Atala en la cima de un altísimo guanacaste, en compañía de un mono tití. Antes de trepar al guanacaste, ambos monos se tomaron tres Beefeater tonic, platicaron y rieron. Habiéndose puesto de acuerdo en cuánto, cómo y dónde, pararon a comer un hot-dog con sauerkraut, pues necesitaban carbohidratos antes de penetrar en la arbórea cámara de Gesell. En una de las rondas de su encuentro, el mono solicitó de Atala que realizaran la práctica que el Marqués de Sade eufemísticamente llama “oficiar en el altar menor”.
            -No, papi, ¿cómo crees? Si no qué le voy a dejar a mi marido, cuando lo encuentre. Ése es para el hombre que me quiera.
-¿Y si te doy otra penca de plátanos?
-No, ni así. Ya te dije que eso es para el que me quiera.
En la cima de otro guanacaste, Talita y un mono realizaron idéntica actividad, aunque en otro contexto: algunas veces el macho jugaba al columpio con el monito tití nacido de Talita y a las escondidillas con la monita. A veces se llevaba a los tres a comer hamburguesas y a la salida se iban los cuatro al cine a ver Rango. Cuando el mono tití dirigió idéntica solicitud, la respuesta no fue negativa:
-Okey, pa. Para que veas lo mucho que te quiero.
Perpetrado el hecho, Talita añadió con un suspiro que en tres segundos se convirtió en ronquido:
-Nadie nunca me había hecho eso. Ahora ya eres mi marido –las complejidades de la vida moderna de los monos tití impidieron que la declaración surtiera efectos.
De estas observaciones, los científicos dedujeron que para las monas tití existe un concepto similar al arcaico concepto cultural de “virginidad”. Hay una parte del cuerpo, no necesariamente el himen,  al entregar la cual la mona considera que ha hecho ofrenda suprema de sí misma. Las monas atesoran una carne que simboliza su espíritu, que no pierde la esperanza. 
En la tierra donde habito, están por levantar un monumento a las monas tití. El Centre pour l’Observation des Hauts Singes acepta donaciones con ese fin.