domingo, 8 de abril de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (39)

Por Mauricio Sanders 

En esta tierra amable y fecunda, me atropellaron en la moto. Tras comprobar que no me había ocurrido nada más grave que raspones, moretones y huesos rotos, en la sala de urgencias de un hospital sentí mayor urgencia y le llamé a Bella Boop, aunque está en la patria y yo estaba aquí, cogiéndome la mano izquierda con la derecha, haciendo malabares para mandar mensajes de texto al mismo tiempo:
            —Me atropellaron. Estoy bien pero en hospital. Me operan mañana—le escribí a Yala, Nati, Chara y Yoselín.
            Allá en México, los casi uno ochenta metros de norteñota estatura de Bella Boop se preocuparon tanto que Boop me dijo que mejor ái muere y que ya no nos hablemos LADA. Fue su modo bronco de estar conmigo. Yala llamó a la media hora. A las nueve de la mañana siguiente llegó Nati con su esposo. Chara y Samuel se comunicaron conmigo para el almuerzo. En la noche me llegó por SMS la respuesta de Yoselín.
            Ahora que el amor es difícil, no alcanzo a darme cuenta de cuánto me hace falta, hasta que tiemblo de miedo y dolor en la sala de urgencias de un hospital de esta tierra amable y fecunda, que tanto me confunde, como si fuera un laberinto. Mi mayor urgencia, después de saber que mi médula estaba entera, fue ir por amor. A cinco mujeres les dije:
            —Por favor vengan. Las necesito.
            Las cinco, una con arroz con pollo, otra en su carcachita azul, acudieron. Ninguna tenía por qué hacerlo. Ahora que el amor es difícil, es mucho más fácil de lo que creo. Fray Grandote repite hasta el cansancio:
            —Está en nuestra naturaleza amar y ser amados —creo que lo que quiere que entienda es la frase preposicional. No tengo que hacer nada para seguir mi naturaleza: el gran esfuerzo de ser hombre está en dejar de esforzarme.
—Por favor vengan—es lo único que hay que decir. Luego, tengo que rendirme, dejar de intentar, tratar menos y aceptar mi naturaleza, y la suya: todo el amor que necesito llegará tan fácil como el aire que necesito respirar.
—Vengan—dije. Y vinieron.
Fui por amor pero también por sexo. Conmigo estuvieron don P. y Jaime y estuvo también Gari, que por casualidad había venido de México. Los varones asistieron en mi urgencia. Pero ésta era mayor y requería hembra de mi especie: tacto, olor y aliento y mirada, oído, voz y bulto que consuela y que sana y que es propio de mujeres, aunque no sean mi mujer, sino las novias de mis amigos, las esposas de mis colegas, las contrapartes y las socias con quienes hago el trabajo del diario. Cuando sentí miedo y dolor, mi mayor urgencia, tras comprobar que no corría peligro mi vida física, fue solicitar amor sexual: el que viene de un semejante que es tan diferente.
Mientras convalezco, leo novelas de espías. Por ahí me encuentro:
—To hold someone is to exist.
—Existir es tener a alguien entre brazos—pienso mientras pienso en las mujeres que así me tuvieron cuando lo necesité.