domingo, 11 de marzo de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (35)


Por Mauricio Sanders

—En 90% de los casos no hay amor—mencionó el padre Scooter, que trabajó en los tribunales eclesiásticos juzgando nulidades matrimoniales. Fray Grandote reposó un momento su librazo. Remató en una como ensoñación:
—Pero ellos no lo saben—la confabulación de los curas me dio ñáñaras porque ellos quería decir “nosotros”, los que hemos estado segurísimos de que nuestras sensaciones y sentimientos concordaban de manera unánime en que había amor.
Eso de percibir algo pero percibirlo mal, me preocupa como si fuera al veterinario con la Cheka porque no ladra ni persigue gatos y el veterinario me dijera:
—Aquí a la vuelta hay un eléctrico. Él le puede reparar su aspiradora.
Me pregunto si el amor es una cosa que percibo pero mal. Voy con Poncho el Terapista:
—Mira, éste es mi amor. ¿Por qué no prende?
Poncho me dice.
—Es que no es amor. Es narcisismo.
—Ah. Entiendo…
Pero la verdad es que no entiendo nada. Y lo mismo resulta si voy al ashram.
—No es amor. Es karma—me dice máster zen Rafa.
Poncho y Rafa acaban diciendo lo mismo que los curas: “En 90% de los casos no hay amor. Pero ellos no lo saben.”
—Ah, que la chingada—les digo a todos—. ¿Y a poco ustedes sí?
            Busco “amorología” en Google. Nada útil. Entonces intento a la antigüita y busco “escuelas de amor” en la Sección Amarilla. Nada tampoco. Hago investigaciones de campo. Pruebo así, trato asá y me equivoco así, asá y asado, en busca de sensaciones y sentimientos en los que pueda confiar.
—Tiene que tener su lógica. Si tiene olor de amor, aspecto de amor, textura de amor, sabor de amor y suena a amor, entonces ha de ser amor— me doy cuerda. Lo único que me conforta es que no soy el único zafado.
Al preguntar qué percibían a los que, en un pasado remoto, estuvieron segurísimos de que sintieron amor, me responden cosas diferentes: estado de ebriedad, instinto de seguridad, adicción a la adrenalina y otras etiquetas. Y sin embargo, muchos le apostaron la vida a que había amor.
Eras mi amiga desde que soy niño. En todo el mundo eres la persona con quien más a gusto puedo estar en calcetines y bata. No me importa en lo absoluto ir al mismo baño a hacer pipí después de que hiciste caca, cuando diez horas antes te comiste un zopilote con todo y el pico. El papel que me pongas enfrente lo firmo con los ojos vendados. A fregadazos aprendemos que eso se llamaba afecto mas no amor.
Me pones loco. Contigo se me antoja intentar todas las barbaridades que se me ocurren por minuto, desde ser capitán de fragata hasta poner una maternidad en la sala de mi casa. Además, me das ganas de ponerle como conejito y cada que le ponemos me da risa, como si yo tuviera ocho años y la manzana de la ciudad donde está la casa donde está nuestra cama fuera un carrusel y a veces tú fueras mi caballito y a veces yo fuera el tuyo. A fregadazos aprendemos que eso se llamaba atracción erótica.
Debería haber una primaria a donde pudiéramos ir a preguntar las preguntas básicas:
—Miss, ¿el amor se siente bien o se siente mal? ¿Es necesario u optativo? ¿Dura o pasa?