sábado, 3 de marzo de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (34)

Por Mauricio Sanders


Algo está pasando con nuestra civilización que como fruticultores somos un desastre.
            —Me gustas. Te traigo ganas.
            Pum. Cuas. Corte a:
            —Me cagas. No te quiero volver a ver —nos está pasando que sembramos ciruelas y cosechamos estafilococos.
Ahora que el amor es difícil, tal vez sea por culpa del concreto. Como no vemos crecer plantas, nos vamos con la finta de que los mangos se hacen en fábrica. Intimidad. Confianza. Cercanía. Ternura. Comprensión. Aceptación. Nacen porque las trae una ardilla o quizá el viento. Pero se tardan años en echar raíces y dar sombra. Ahora que el sexo es fácil, es como querer que los tamarindos crezcan a jalones.
            —Me gustas. Te traigo ganas —el amor entre hembra y macho de la especie hombre comienza por una plántula, cuando no tiene cara de jacaranda ni geranio ni de nada, sino nada más de algo verde que tiene ganas de vivir. La pura atracción sexual es vida pura. Pero quizá haya que esperar un rato para ver qué clase de vida es, porque a la vida no le gusta el caos. A la vida le gustan los casos particulares.
            No lo parecen, pero los rosales y los manzanos son parientes. Ambos son de la familia de las rosáceas, al igual que las fresas, las zarzamoras, las frambuesas y las almendras. Un pepino es muy diferente a una sandía pero ambos son plantas cucurbitáceas. No todas las atracciones se asemejan, aunque todas son de la familia de las me-gustas, e intimidad, confianza, cercanía, ternura, comprensión, aceptación son frutas de la familia te-traigo-ganas.
El vocabulario que se usa para describir la atracción sexual es corto:
—Se me para —decimos los machos para describir ésa que, de no ser porque es organizada como una dicotiledónea, podría decir mazacote de vida pura. Para designar ese estado creo que las hembras todavía usan la frase:
—Siento maripositas en el estómago.
            Ni los machos somos vulgares ni las hembras son cursis. Son diversas experiencias humanas. Ninguna mujer podrá sentir jamás lo bien que se siente una erección, que es la oportunidad que nos da la vida para sentir qué se siente ser cocotero. Y ningún varón sentirá dentro de sí bendiciones que revolotean, ni lepidópteros ni embriones de siete semanas.
            —Me gustas —ésta es la forma de vida humana que más se parece a la selva perennifolia, porque parece anárquica pero es sinfónica. Otra te entra por los ojos, por los oídos, por la nariz, por la piel y por supuesto que llega a los genitales, pero también llega a todas las demás partes que no sé por qué razón se dice que albergan las facultades superiores, si no puede haber mayor facultad que la de participar en la génesis.
            —Te traigo ganas —te sientes capaz de generar. La atracción sexual nos hace sentir vivísimos, pero algo estamos haciendo mal que, al seguirla, nos acabamos sintiendo muertos. Don Boato repite que el problema no es de ahora y me recuerda el soneto CXXIX de Shakespeare. Pero soy bien terco y lo interrogo:
—Ahora que el amor es difícil, ¿es difícil igual que era antes? ¿O ya es diferente?
Don Boato mejor me invita a comer mole a la Casa Merlos.