domingo, 26 de febrero de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (33)

Por Mauricio Sanders

—Ésta sí es vida —te sale del alma a las cuatro de la tarde tumbado en una hamaca en Zicatela. Estás leyendo The Confederacy of Dunces. A las once de la noche del día anterior te echaste dos brincos de fantasía.  Dormiste como bebé. Te paraste a las siete a correr cinco kilómetros en la playa. Desayunaste todos los huevos con chorizo que te cupieron en la barriga y todavía te cupo una rebanada de panqué de zanahoria. Te metiste a nadar en las olas grandes y ninguna te revolcó. Y te estás fumando un Lucky Strike sin filtro.
Pero también están los momentos cuando te sale:
—Así es la vida .
De acuerdo con Gari, los así-es-la-vida sirven para adquirir ésta-sí-es-vida a una tasa de cambio fluctuante. La relación entre varón y mujer comienza cuando un así-es-la-vida  alcanza para cien ésta-sí-es-vida. Pero van perdiendo valor. Cuando se cambian a la par, la pareja empieza a echarle ganas. La devaluación prosigue hasta que los términos de intercambio se invierten.
Ahora que el amor es difícil, quizá sea que Gari no tiene nadita de razón. Quizá no se trata de un intercambio sino de alquimia.
            Por ejemplo, regresaba con Bella Boop en la troca verde tras ocho días en una playa semivirgen. Antes de de regresar, peleamos por unos chilaquiles. Al llegar a Acapulco nos recibió el subdesarrollo: a la súperautopista que debíamos tomar sólo se podía acceder por una terracería . Por supuesto, pasamos de largo sin sospechar que ésa era la única entrada y nos internamos en la pradera de Elektras que se llama Ciudad Renacimiento.
            —Así es la vida.
            Cuando dimos con la súperautopista, íbamos en dirección opuesta a la que queríamos, entre un embotellamiento como si en el mismo lugar estuvieran construyendo las líneas 13 a la 16 del Metro al mismo tiempo. Entre las cuatro horas de viaje y el agarrón que nos dimos, parecía altamente probable que explotáramos. Pero no:
            —Así es la vida— nos resignamos.
            Yo soy más subdesarrollado que Bella Boop. Vi un pedazo de camellón por donde calculé que pasaba la troca y que me surge la Mecánica Nacional. Me latió darme vuelta en u. Pero como estoy en vías de desarrollo, consulté:
            —¿Nos la aventamos?
            —Híjole, no sé. Yo digo que no, pero como veas—Bella Boop es leal hasta para pelear y yo acepté su diplomática negativa primermundista, que nos valió otra hora de embotellamiento.
            —Así es la vida.
            Cuando por fin llegamos a la caseta, no tuvimos que pagar. Un policía bajó las cadenas para que diéramos vuelta y nos ahorró media hora de embotellamiento. En el mismito lugar donde calculé que chance y la troca la libraba, la camioneta de un compa se movía como sube-y-baja. A Bella Boop y a mí nos dio mucha risa, que contenía un poquito de lero-lero pero también motivos mejores: nos percatamos que nuestros así-es-la-vida siempre habían sido ésta-sí-es-vida. Nuestro plomo siempre fue oro. Sólo faltaba que lo quisiéramos ver.
Ahora bien, la alquimia puede funcionar al revés. También me ha sucedido estar con alguien en una situación en que la dicha compartida literalmente la podíamos mecer entre los brazos, pero entre los dos la capturamos para torturarla hasta que se deformó en desdicha absurda.
Dice Lois:
—Dicha o desdicha, más que de las circunstancias, depende de nuestra disposición— pero ahora que el amor es difícil, ¿cómo nos disponemos para el amor?