domingo, 19 de febrero de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (32)

Por Mauricio Sanders

Ahora que el amor es difícil, ¿qué conviene? ¿Echarle ganas o no? La Oposición y yo se las echamos. Fue mal negocio. A cambio de nueve meses que hubieran sido más llevaderos en el Guantanamo Bay Spa & Resort perdimos tres años de esperanza de vida y de todos modos tronamos como ejotes. En cambio, con La Cirquera y con Bella Boop funcionó este acuerdo:
            —Vamos a no echarle ganas, por fa.
            Con La Cirquera yo promoví el acuerdo. Con Bella Boop fue moción suya. En ambos casos hubo pérdidas. Lo ganado puede parecer poco.
            Con La Cirquera perdí una batería de cocina Le Creuset, un extractor de jugos Turmix, un jardín con jazmines, la cordialidad regular con media docena de miembros selectos de una extensa parentela política y el privilegio de escucharla cantar en la regadera y después escuchar los tacones de sus botas cuando rapidito se subía al elevador para irse a trabajar. Perdí dos razones para sonreír cotidianamente. Con BB perdí los “buenos días” de cada mañana y las “buenas noches” de cada noche y el privilegio de atestiguar una toilette que olía a mandarinas y bicarbonato y que tardaba lo mismo que hornear panqué de plátano.
            En ambos casos perdí algo bueno del diario. Podría decir que perdí algo ordinario de no ser porque era extraordinario. Fue como si de pronto igual siguiera amaneciendo pero los pajaritos estuvieran en huelga de trinar a la hora que sale el sol. En el caso de La Cirquera, además perdí mi estado de vida y mi lugar en el orden del universo. En ambos casos, salvamos la relación o, mejor dicho, la raíz de la relación desde donde, aunque ésta se suspenda o interrumpa, puede germinar otra forma que, en potencia, no excluye la forma primitiva.
            Para hablar claro. Por no echarle ganas perdí una esposa y una novia. Pero conservé a dos personas cercanas en un lugar de mi corazón que no dolía, aunque había incomodidad y fue necesario aprender nuevas conductas, por ejemplo, ya no te puedo caer de sorpresa en tu oficina, porque puedo encontrarte con alguien en algo que no me va a gustar. Quedó algo reconfortante y seguro, por ejemplo, si tu hermano choca o si te caes de la escalera, me vas a llamar. Si a mi mamá la operan de un tumor, vas a estar. Navidad, Año Nuevo, santos y cumpleaños nos vamos a felicitar. Si un día me siento triste como un derrame de petróleo, puedo ir contigo a acostarme en un sofá para ver una película cerquita de ti.
—Tengo que ir muy lejos a hacer una cosa y no puedes venir conmigo—le dije a La Cirquera y Bella Boop me dijo a mí. Somos animales que tenemos chinches en la cola. En etapas de nuestras vidas nos da solitos por irnos a romper el hocico y malpasarnos un buen rato.
No echarle ganas puede servir para no mandar todo a volar cuando se nos mete por quién dónde sabe la terquedad de hacer de nuestras vidas un camote y de nuestros culos, papalotes. No echárselas puede ser aterrador. Pero, en estos dos casos en particular, hizo que fuera más fácil el amor.