domingo, 5 de febrero de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (30)

Por Mauricio Sanders

El padre Scooter, fray Grandote y yo fuimos al vapor. Envueltos en toallas, departíamos  como ciudadanos de Roma mientras tomábamos Tehuacán con sal y limón:
            —Ahora que el amor es difícil, ¿cómo sé si me lo encuentro?—les consulté.
           —Si tu amor es tan fuerte que ni ella lo pueda destruir, eso es amor—dijo Scooter, que es chaparrito, canonista y calvo. Tiene que salir a perseguir la quincena y lidiar con burocracias. En consecuencia, se defiende con extremismos.
            —Si se está ahogando en una alberca y te echas para salvarla, eso es amor—fray Grandote, a pesar de que mide como dos metros y es casi tan ancho como alto, es un niño de doce años que va para los sesenta. Devora anuarios de filosofía como si estuviera hojeando losX-Men.
           Yo me quedé de a cuatro tras oír la opinión de los profesionales. Si ni los que se dedican a eso pueden ponerse de acuerdo acerca de qué cosa es el amor, ¿cómo no va ser difícil?
            En mis cromosomas hay un gen que codifica una proteína que en mi fenotipo se expresa así:
            —A ver de qué cuero salen más correas —en mi caso, el método Scooter es como salvaguardar garrafones de nitroglicerina dentro de un pesero de la ruta 42. Puedo matar o matarme averiguando si sí es cierto que ni la presunta amada puede destruir mi amor.
            —Toma carta.
            —No me escribas—me desdeña.
            —Toma flores.
            —No las quiero.
            Entonces mi gen se expresa:
            —Toma, jija de la guayaba, que no te estoy preguntando. Hasta que lo quieras— nada más para probar que estoy amando, de acuerdo con el método Scooter.
            El método Fray Grandote se adecua mejor a mi genética. Si presumo que amo a la presunta amada y ésta no me pela o ya no me quiere pelar, este método me permite llevármela leve sin escribirle ni florearla. Me puedo hacer menso y hasta andar con una chava, aunque manteniendo a la presunta en el radar, a ver si se cae en una alberca.
            Así, un día me invitan al Club Mundet. La presunta amada tampoco es socia pero ahí está, por coincidencia. Entonces un socio francés que está jugando petanca echa un muy mal tiro. Le pega en la nuca a la presunta. Ésta se cae en la alberca y se va hasta el fondo desmayada. Yo le digo a mi chava:
            —Espérame tantito por fa. Necesito hacer una cosa.
            Si me tiro de cabeza al agua con zapatos y todo, entonces por fin yo sabría que estoy amando.
            —¿Tú me sacaste?—me pregunta la presunta amada, al verme todo mojado.
            —Sip.
            —¡Gracias!
            —De nada.
            —Bye.
            —Bye—gracias al método Fray Grandote, ya sé que puedo amar. Vuelvo con mi chava y chance hasta nos casamos. Nos mudamos a Arizona y tenemos tres hijos y dos perros cuando se muera la Cheka.
            No obstante, podría ser el caso que, al volver en sí, la presunta me dijera:
            —No sabes lo contraproducente que es que me digas que me quieres…
            Mi gen se volvería a expresar. Dejo de llevármela leve. Mi chava me corta. Me pondría a acechar a la presunta amada, a la caza de otra oportunidad en la cual se cae en una alberca. De aquí concluyo que, por lo menos en mi caso, el método Fray Grandote no necesariamente es más seguro que el método Padre Scooter. Ahora que el amor es difícil, ¿el difícil no seré yo?