domingo, 15 de enero de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (27)


Por Mauricio Sanders

Dice Lois: “La confianza es como una escalera. Subes un escalón a la vez. Avanzas cuando estás muy seguro. Si sientes que no puedes pisar firme, mejor te regresas.” Pero ahora que el sexo es tan fácil, ya no funciona como la confianza. Puedes subir la escalera de un bote. Como la boligoma. La pregunta adecuada no es si está bien o mal. La pregunta es:
            —¿Funciona?
            Incluso en términos estricamente horizontales, no lo sé, porque jala para ligue de antro o convención de fin de semana. En otras palabras, sirve para dar cruda. Hasta para una calentura se necesita confianza:
            —Ponte así. Ahora muévete asá—es más fácil dar y recibir estas instrucciones si sabes algo más que el nombre de pila.
            En el nivel más básico, para que un brinco sea de calidad aceptable y la cruda, moderada,  se necesita tener confianza en que el ser humano que tienes enfrente no te va a pegar, si te va bien, los chancros. Pero esta respuesta no se obtiene a partir de un interrogatorio como el que se usa para donar sangre.
—¿Con cuantas personas has tenido relaciones sexuales en los últimos treinta días?
—Con ninguna— te contesta el ser humano.
—¡¿Qué?! ¡No te oigo! ¡Vamos lejos de las bocinas! ¡Habla más fuerte!
—¡¡Que con ninguna!!
—¡¡¿Presentas prurito o sangrado en los órganos genitales?!!
Para obtener una respuesta confiable, primero hay que verificar la confiabilidad del ser humano. Un modo muy simple es la puntualidad.  Llegar a tiempo a las citas sirve para hacer las mismas preguntas de doctor con eufemismos que, si bien son menos crudos, pueden resultar ambiguos:
—¿Hace cuanto que cortaste con tu novio?
—Dos meses.
—¿Y hace cuánto que no lo ves?
—Un mes
 —¿Y has salido con alguien mientras?
—Con un amigo pero no pasó nada —contesta el ser humano. Ya tú sabes si le crees, porque has quedado dos veces de verte a las cuatro. Una, llegó al cinco para y la otra, a las cuatro y cuarto.
Después de realizar pruebas con la puntualidad, el uso del teléfono y otros medios de comunicación dan elementos adicionales para comprobar la congruencia entre los dichos y los hechos del ser humano al que le traes ganas.
—Te hablo el martes en la nochecita —estas palabras proporcionan un criterio bastante confiable para confrontar la veracidad del ser humano. Tres viernes después te lo encuentras en el chat y teclea:
—Híjole. Es que se me acabó la pila del celular y luego se me borraron todos mis contactos porque le entró un virus al chip. Pero para componerla te invito a cenar. Si quieres podemos ver una peli en mi casa y echar una chela, ¿cómo ves? —ya tú sabes si le crees a los eufemismos o si mejor te aguantas las ganas hasta que conozcas a un ser humano que tiene el hábito de cumplir con la palabra dada.
En suma, la confianza que se otorga a un ser humano para estimar que no te va a pegar, si bien te va, los chancros sí es un proceso. Pero en este mundo raro, debajo de un cielo rojo, lo que se estila es pegar botes como la boligoma. Tal vez por eso el amor es tan difícil. Los verbos “confiar” y “amar” no son sinónimos, pero son palabras relacionadas que, en un tesauro, se encuentran en el mismo campo semántico.