domingo, 8 de enero de 2012

MUNDO RARO/CIELO ROJO (26)

Por Mauricio Sanders

—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! —arengaba Nara. Iba hacia el orgasmo simultáneo, un buen lugar para jugar a ir en pareja al que a veces llegaba con su camote. Nara también se daba impulso en circunstancias vestidas:
—¡Vamos! —iba con su camote hacia el lugar del cual el orgasmo apenas es el símbolo.
Todo amor quiere dejar la Tierra e ir a otro lugar. Nara y su camote lo llamaban Mym. Era de piedra con ladrillos rojos. En la barda había enredadera. Mym era para Nara y su camote y para dos o tres invitados. Había cama y estufa. No mucho más.
Mym tenía fallas de origen. En la imaginación de Nara y su camote, siempre estuvo en países como de teatro guiñol, Nueva Zelanda o las Antillas francesas. Como imaginaban a Mym, hacían falta sala y comedor. Faltaba amueblar el cuarto de tele y construir oficinas. Mym carecía también de presupuesto y ni Nara ni su camote sabían cuánto podía costar en pesos y centavos por mes, cuando llegara el primero de sus invitados.
A pesar de las fallas, Nara fue, fue y fue con su camote en busca de Mym. Por las fallas, no llegaron. Pero tuvieron un lugar a donde ir. Tal vez Mym era un lugar de a mentiritas. Pero también era un lugar ideal.
Nara y su camote son imaginativos por naturaleza. Sin importarles quiénes estemos enfrente, pronuncian cosas como:
—Casa es ahí donde mi pecho se estrecha contra tu pecho —esta clase de cosas son su don. También son su dolencia.
Cuando supieron que esperaban a un invitado, Nara y su camote se pusieron a buscar departamento , con el propósito firmísimo que los niños imprimen a sus juegos. Y aunque ninguno de los departamentos que vieron era de piedra con ladrillos rojos, Nara entonaba:
—Qué alegría buscar casa para nuestra casa —pero como el principal problema de Mym es que era de a mentiritas, nunca pudieron llegar. Al terminar el juego, Nara se subió al camión de mudanzas para irse de vuelta allá donde nació. Su camote se quedó en un departamento semivacío.
Ahora que el amor es difícil, es momento de preguntar si vale la pena querer ir con alguien a un lugar, aunque sea de a mentiritas. Con lo que sé por Nara, contesto que sí.
En primer lugar, Nara y su camote nunca se hubieran venido juntos si no hubieran ido hacia Mym: amarse es el mejor afrodisiaco del mundo. Por otro lado, el ideal les sirvió. Les está sirviendo. Nara y su camote quisieron ir a un lugar ideal. Era de piedra con ladrillos rojos. En la barda había enredadera. Estaba en Nueva Zelanda o las Antillas francesas.
Mym era para Nara y su camote y dos o tres invitados. Había cama y estufa. Su lugar podrá haber sido de juego, pero el juego se llamaba hogar.
—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! —Nara quería ir hacia un lugar al cual no llegó con su camote. Pero no sé lo que sería de ellos ni de su invitado si se hubieran incitado:
—¡Vamos! —y hubieran tenido en mente un Oxxo donde comprar condones ultrarresistentes que habían caducado.