domingo, 18 de diciembre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (23)

Por Mauricio Sanders

En mis vacaciones, visité Puerto Topito, donde me hospedé en el all-inclusive de la mota. Al registrarte, Aura te ofrece una bacha de bienvenida. Adentro, un camarero descalzo desbarata guatos en vasijas, para que los huéspedes se despachen en completa libertad de forjarse un Marley. Como es lógico, los cinco cuartos del hotel de Aura están reservados para los próximos doce años.
            Para hospedarte con Aura, hay que pasar un rito iniciático. Te tienes que mecer quince minutos en una hamaca junto con los habitués, que se carcajean de que los pelícanos vuelan y degluten mango verde y coco tierno con chile y limón. Si demuestras que eres dude aunque no quemes, los huéspedes habituales le dan permiso a Aura para que te quedes, en caso de improbable cancelación. Es un poco de güeva pero vale la pena porque el lugar está bien bonito.
            Aunque Aura es accionista mayoritaria y CEO, no lo parece, pues su modelo de negocio consiste en representar el papel de depositaria de milenaria sabiduría náhuatl, tibetana y extragaláctica, la cual sabiduría derrama entre nubes de humo de cannabis, para beneficio de sus amados clientes.
            En principio no estoy en contra de darme un toque, pero si lo hago, que sea para quitarme lo denso, no para acabar peor de lo que de por sí estoy. Así que me aparté de Aura y el corro de sus discípulos que hacían ahhh y ohhh y me puse a leer Un yanqui en la corte del Rey Arturo. Me reía bastante más que el resto. En eso escuché a Aura decir algo que llamó mi atención:
            —No se equivoquen, mis niñossss. Los matrimonios truenan por no dormir.  Si no es para amar, no se metan a la misma cama al mismo tiempooooo— Aura prolongaba el último sonido de sus oraciones para liberar el humo de sus pulmones, una vez que la sustancia activa hubo fluido hasta su torrente sanguíneo.
—Sean pareja, mis niñosssss. Que cada quien duerma en cuartos separados. Quiero pintar. Pues pintas en tu cuarto y no despiertas al otro. Quiero oír música. Pues en tu cuarto y el otro no se despierta. Ser pareja es ser parejosssss— la homilía concluyó con una tos de Aura entre cirros, cúmulos y nimbos de humo de mariguana.
Yo no sé si es que las nubes flotaban en la dirección donde yo estaba, pero tuve un momento eureka y me acordé de que eso justo es lo que hacían mis cuatro abuelos: cada quien tenía su cama en su cuarto.  Se acostaban a la hora que a cada uno le daba por bostezar y cerraban la puerta para que nadie perturbara su descanso.
Fue en Puerto Topito cuando pensé que quizá los matrimonios satisfactorios y duraderos se acabaron al aparecer trastornos del sueño como la recámara principal y el colchón matrimonial. Pensé también:
—Tanto viaje para llegar a donde salí…
            Mi pensamiento me dio una risa zonza y sentí una sed estrafalaria. Me serví  una coca con hielo que me supo a gloria líquida y negro paraíso. Me fui a sentar con los jipitecas y rastafaris y ya reservé con Aura para el año que entra. Me gustó el nuevo modo de recibir la antigua tradición.