domingo, 11 de diciembre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (22)

Por Mauricio Sanders

La mesa de divorcios se le ocurrió a la duquesa de Caballocalco mientras comíamos pierna al horno en grata compañía. Le hago publicidad porque la señora duquesa suele andar bruja. Ojalá que Liverpool o Palacio de Hierro compre esta idea y, así,  la duquesa traiga lana en la bolsa.
            La idea, como las buenas ideas, es simple. Pretende incrementar la eficacia del divorcio como mecanismo de avenencia. Se basa en el principio de que en el matrimonio, si bien nadie hace planes para fracasar, casi todos fracasan al planificar. En consecuencia, se acaba convirtiendo en una sociedad cuyos activos consisten en una, una y una cosas que enteras cuestan mucho, pero no valen nada partidas por la mitad: una lavadora LG modelo WM2301HW, una televisión de plasma Panasonic TC-P50S2, una aspiradora Electrolux EL5020A, una Apple Mac Pro, unas bocinas Bang&Olufsen, una tetera azul de porcelana china que, por cumplirnos el capricho, tu padrino compró en subasta en Sotheby’s…
            En un divorcio sucede que, una vez que los divorciantes decidieron cortar por lo sano, lo poquito sano que aún subsistía se gangrena en tres semanas, en lo que las partes no pueden resolver quién se queda con qué. Nadie conserva serenidad suficiente como para andar cediendo enteros, pero tampoco está tan desesperado como para repartir, con hacha y sierra, a partes iguales.
La idea de la duquesa de Caballocalco consiste en que las tiendas departamentales reciban estas una, una y una cosas y les den una chaineadita para que vuelvan a parecer de caché. Al cabo que la duquesa, que es muy lista pero también muy pesimista, no les da ni dieciocho meses de uso. El valor de las cosas se puede convertir en puntos y, entonces sí, los puntos se reparten en mitades, con las cuales cada divorciante pone su departamento.
Mucha de la agresividad que se desencadena en los divorcios se debe al temor. Y nada lo provoca como las situaciones desconocidas. La mesa de divorcios alivia el temor de un divorciante cuando se pregunta, la primera noche que prepara agua de limón en su nuevo domicilio:
—¿Y ahora de dónde voy a sacar un exprimidor?
Gracias a la idea de la señora duquesa, el divorciante adquirió con puntos un exprimidor alemán de acero y, más tranquilo, puede sentarse a reflexionar sobre lo que sigue.
            Otra de las aplicaciones de la idea de la duquesa de Caballocalco es que, después de haberse deshecho de todo lo costoso, los divorciantes pueden empezar a considerar lo valioso:
Ítem. Paleta Tutsi-Pop que una vez dejaste en el cajón de mi escritorio para dejarme un beso que no me pudiste dar.
Ítem. Casita de muñecas que te compré en la carretera de Parácuaro y nunca pelaste pero tampoco nunca quisiste tirar a la basura.
Ítem. Dos rebanadas de pie helado de limón que te salió horrendo y sirvió para matar ratas a pedradas.
Ítem. Aretitos chafas que te compré en el súper cuando yo andaba en la peor chilla pero vi que te gustaron.
Ya con los puntos en el monedero electrónico y la lista de los artículos valiosos que a nadie más que a los divorciantes interesan, estos pueden proceder libres de impedimentos, conscientes de que la regaron con alguien que es buena persona, a quien quisieron mucho y podrían querer mucho más, si nada más llegara a convertirse en quien nunca jamás podrá llegar a ser.