domingo, 4 de diciembre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (21)

Por Mauricio Sanders

Tras haber sido iluminado por el maestro Cheto, necesitaba difundir la maravilla. Gari estaba disponible.
¿Se la está cogiendo?— sentenció tras atender a mi anuncio.
Intenté explicarle que no importaba. Que lo importante era que Ross le preparaba a Cheto tortas de tinga y que el Día de Reyes le dejó una rosca para que se la comiera con sus niñas. Que Cheto podía usar el celular, no como arma arrojadiza, sino para aventurar en circunloquios un te quiero. Que Ross y Cheto podían platicar de un triciclo rojo para la chiquita y disfrutarlo como enanos. No donde ponen sus deses.
—¿Sí o no?
—No.
—Entonces vale madres— finiquitó Gari. Gari es inteligente y estudioso. Es tan prudente que se fue a Londres a estudiar una maestría en riesgos y tan recto que después hizo en Turín un doctorado en derecho constitucional. Gari es la persona idónea para ponchar un ideal.
Nadie más inútil que un soñador para demostrar la utilidad de un ideal. Para eso se necesita un realista. A un ideal hay que intentar poncharlo por todos los medios posibles para averiguar si es de veras. Un ideal no sirve si es una fantasía. Hay que probarlo con fuego y con ácido porque, en la vida de todos, llega el día en que no quedará otra cosa de qué agarrarnos que un ideal. Ay de nosotros si no era de verdad.
Ahora que el amor es difícil, es momento de preguntar si, como ideal, valía la pena. Bella Boop se hace la pregunta. Se la hace Miss Voy. Se la hacen Majalia, Quiquis, Erin y La Gaviota y mi amiga Maskina de Arabia también se la hace, aunque mejor hace que chambea como loca. Se la hacen mis primas Ñañita y Resistencia y también Jícama y Bonicuasa la Cirquera. También pregunta Nara y vuelve a preguntar, aunque mejor se aprende de memoria líneas de Sex & The City, para tener, por lo menos, cosas duras que decir en las bodas que nunca son su boda.
            Y no sólo las mujeres se preguntan. También Gari y Miramaestro, el Prince y Yago el Bueno. Los de la Oficina de Gra. Los solteros. Los casados. Los divorciados. Los vueltos a casar. Y no nada más los bugas. También Villaurrutia y Masacó. Hacemos la pregunta que Nara inmortalizó cuando se subió al camión de mudanzas para irse de vuelta allá donde nació: “¿Pero qué nos pasó con el amor?”
Por veinte siglos, nuestra civilización se construyó alrededor de una forma estable de asociación, que supone dos seres humanos que pueden convivir cotidianamente sin dejarse de amar con afecto, amistad y erotismo, distribuidos en proporciones variables a lo largo de los años que duraba un matrimonio. A lo mejor esa asociación servía cuando la esperanza de vida era más corta. A lo mejor no tiene más razón para existir que instituciones sociales como las guerras floridas.
Cuando el dolor haya pasado, cuando nuestros rascacielos se desintegren en orín y sobre nuestras ciudades crezca pasto, tal vez los hombres del porvenir se acordarán  de nuestro mundo raro en que vivimos debajo de un cielo rojo con estas palabras que escribió D.H. Lawrence:
—En esencia, nuestra época es trágica; por ello, nos rehúsamos a considerarla una tragedia. El cataclismo ocurrió, estamos entre ruinas, empezamos a construir nuevas y reducidas moradas, a tener nuevas y modestas esperanzas.  El trabajo es bastante duro y, aunque no hay camino fácil al futuro, tomamos atajos o trepamos los obstáculos. Hemos de vivir, sin importar cuántos cielos se hayan derrumbado.