domingo, 20 de noviembre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (19)

Por Mauricio Sanders

Al llegar al cumpleaños de Ross, vi a Cheto platicar con la festejada: una larguirucha elegantiosa pero sin chiste, a pesar de los ojototes tapatíos, con un aura trágica que la hace ver guapa. Yo por Cheto no hubiera dado un quinto. Todos mis prejuicios se desquiciaron en cuanto vi a un chaparro prieto enjoyado servirse un whisky con coca-cola. Tras dos horas de atestiguar a Cheto, ahora lo admiro.
Me habían dado un briefing sobre el ecosistema sentimental de la fiesta: tres niñas en la base de la cadena alimenticia, Ross, ex marido y novio. Como vi a Ross cerquita de Cheto, lo apunté  en el renglón “novio” y anoté en el margen:
—Entusiasmo manifiesto=novio t< 3 meses. Mismatch conf.
Guardé mis notas en los overoles de mi cerebro y me puse a socializar, para lo cual soy malón. El tema fueron los Pumas y el Monterrey.
            De acuerdo al informe, el novio era un productor de telenovelas troglodita. Se traía de un ala a Ross, que, tras el divorcio, se entequilaba un día y el otro también con pretexto de sufrir por el galán. Desde el divorcio, Ross andaba con el productor troglodita, quien la pelaba cuando no parchaba con alguna artistilla en busca de papel secundario. El troglodita paliaba las carnicerías que cometía en Ross con arreglos de orquídeas. Con sus amigas, que resoplaban, al recibirlos Ross se excusaba:
            —¿Ven como sí me quiere?
            En los overoles de mi cerebro también guardo un psicoanalista tamaño llavero. Aunque es chino, da el gatazo de austriaco y me saca de apuros cuando socializo.
            —Ross se flagela: culpa x divorcio. Novio po. pen. no se la cree hence humilla. Autoestima subcero…
            Según mi briefing, el ex marido del ecosistema aparecía cada dos sábados. Así pues, cuando un Audi A5 regurgitó a un mono con camisa de seda, yo deduje ex.
            Audi arrastró a Ross a la casa. Supuse que a seguir el pleito. De los overoles saqué el semáforo de advertencia. Esperaba el momento aquí-no-pasa-nada de las convivencias adultas y, en preparación para chiflar en la loma, repasé el resumen futbolístico en las categorías “máximos goleadores” y “campeones en torneos cortos”.
            Cheto, en vez de subirle el volumen a la estridencia, se puso a jugar a la tráis con las niñas. Anoté en mi expediente:
            —Novio*
            El asterisco indica algo bueno para decir de alguien. Es un aditamento del beato miniatura de los overoles de mi cerebro.
Minutos después Audi se marchó fúrico. Ross se sentó en el pasto frío con las niñas y Cheto. Su carita era de la pobre muñeca fea de Cri-Cri con ojos rojos de tanto llorar. Cheto sacó kleenex y hasta una risa le sacó a Ross. Al ratito sacó un regalo y, ya para medianoche, unos mariachis de uniforme blanco. Las niñas bailaban y Ross desafinaba canciones de ardida con entusiasmo. Cheto la abrazó. Anoté:
—Troglo???
Guardé mis notas en los overoles y, para calentarme, me acerqué al contento de cinco. Escuché a Ross exclamar, al colgársele a Cheto del cuello:
—Eres el mejor ex esposo del mundo.
Me di cuenta de que soy un tonto que necesita entender menos y comprender más. Rompí mis notas, quemé mis apuntes y me quité los overoles de mi cerebro para, desprotegido,  pedir por favor que me presentaran a Cheto.