domingo, 30 de octubre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (16)

Por Mauricio Sanders

Con sus casi uno ochenta metros de norteñota estatura, Bella Boop pilotea su masa corporal sobre piernas que parecen columnas de cantera rosa, a fuerza de nado sincronizado y elíptica. Bella Boop hace pesas pero no es triatlonista. Tiene grasita donde le va muy bien. Su pelo es del color de la cerveza Victoria. Cuando camina, la tierra tiembla con un temblor sabroso: transiberianamente se desplaza una Venus prehistórica, en cuyo escote caben carros de trigo, maíz y arroz.
Bella Boop casi podría provocar espanto. Sobre su masa repican y resplandecen los collares Tiffany, los aretes Bulgari y el reloj Cartier. Cuando pasa, persiste aroma a mandarinas de un perfume que yo soy demasiado corriente como para tener idea de cómo se llame la marca, pero apuesto la Cheka a que en el universo mundo no se produce ni un barril por año. Pero lo que más le gusta comer a Bella Boop es carne asada con tortillas de harina. Y a menudo sus manos huelen a ajo.
El otro día estábamos Bella Boop y yo tendidos y descalzos sobre un sofá. Hablábamos de abuelitas y de la casa del Ratón Pérez. Hablábamos. Ella dijo:
—Yo soy la tabla del uno. Uno por uno, uno. Uno por dos, dos…
 Luego me empezó a contar su biografía. Y también su biología.
Bella Boop se ha casado dos veces . En medio, hay anillos que ha devuelto a bárbaros del norte por pedirla en matrimonio a través de un chofer. Un montón de amigos la han solicitado. Un mago gringo y un futbolista italiano se encuentran en esa lista. Pero están las pecas de Bella Boop. Y está el pájaro del alma en su libro favorito.
Bella Boop practica la suerte virgiliana con Ser y tiempo de Heidegger. Abre el tabique al azar y encuentra palabras justas para el momento. Pero no es filósofa. La escuela no le gusta. Estudió en la Anáhuac. Bella Boop es compleja pero no complicada. Es sencilla y no simple.
            —La angustia singulariza —dice Ser y tiempo.
Hace un año secuestraron a Bella Boop. Bella Boop me habla. Pero nunca del secuestro. Bella Boop ríe. A veces llora de madrugada.
Lo primero que Bella Boop y yo hicimos fue bailar. Lo segundo, llorar. Ahora conversamos en variedad de posiciones. Ella encima o a veces yo.
—Qué bonito —me dice Bella Boop.
Yo no soy mejor de lo que soy. Pienso en qué querrá decir dry-fucking y en el eufemismo “relaciones íntimas” por cópula. Puede haber palo sin intimidad. Y al revés. Hay caricias que no calientan pero cómo entibian.
Ha habido días en que salgo muy noche de casa de Bella Boop. Como que escucho una voz que pregunta:
—¿Qué anduviste haciendo?
Yo contesto:
—I’ve been having sex…
El Miramaestro diría que miento y técnicamente tendría razón. Pero don Boato y fray Grandote sabrían que no. El sexo no está todo en los genitales. El mar no está todo en las olas que revientan en la playa ni en el azul donde termina el horizonte.
Cuando llego a mi casa,  me acuerdo de algo que leí en Walden y copié para Bella Boop:
—Los mejores rasgos de nuestro carácter, como los azahares del naranjo, sólo se logran a través del más delicado de los manejos.
Abro la puerta. Busco en mi cuaderno. Leo que la frase termina así:
“Sin embargo, jamás nos tratamos unos a otros con ternura semejante.”