domingo, 2 de octubre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (12)

Por Mauricio Sanders


Recibí un mensaje de texto. Era Majalia, con quien llevo un par de semanas viendo a ver si nos vemos. Nos citamos. Nos cancelamos. A veces ella no puede. A veces no puedo yo. Las ciudades separan a los hombres, como dice la canción. Es un rasgo de la cultura moderna que vivimos tan apeñuscados uno encima del otro y, sin embargo, no encontramos momento para vernos, mirarnos, abrazarnos, hablarnos, escucharnos ni querernos. Es un mundo raro.
          Le marqué a Majalia. Me contó que llevaba dos horas y media del día de hoy, el único que tiene, atrapada en el tráfico. Durante esos 150 minutos, presenció una trifulca entre dos hombres que trataban de contener a un tercero que apuntaba una pistola. Llegaron corriendo ocho policías apuradísimos, espantadísimos, blandiendo sendas armas, pero sin mucha cara de saber usarlas.
           Majalia sintió miedo de morir, muerta por la bala perdida de la pistola oxidada de un poli aterrado, en uno de los minutos que pasó encerrada en su coche en la tarde de hoy, atrapada en el tráfico. Sintió miedo de no llegar más a su casa y no poder comer de las galletas que su hijo mayor preparó para su primo, a quien invitó a dormir. Majalia vive debajo de un cielo rojo.
           Pensé en llevarle a Majalia alguna forma de consuelo. Sé que le gustan los poemas y que es francófila. Busqué en un libro algo que pudiera decirle al teléfono, porque la imaginé asustada, pero no di con nada tranquilizador. Buscaba algo que fuera alegre y eficaz para llevar consuelo a mi amiga a su coche, después de haberse ella espantado con la posibilidad de morir absurdamente, a tres kilómetros de su hijo, de las galletas, del horno y el calor de su cocina.
           Ni Baudelaire ni Verlaine ni Éluard me dijeron lo apropiado para decir, aunque a veces me lo han dicho. Al no encontrar nada, llamé a Majalia. En su mensaje de texto, mi amiga preguntó: “¿Qué es este caos sin sentido?” Yo hubiera querido llevarle una Buena Nueva. Pero no encontré ninguna. No sé nada de ninguna Buena Nueva.
          —¿Qué es este caos sin sentido?
           Bella Boop también se hace la pregunta. Se la hace Miss Voy. Se la hacen Quiquis, Erin y La Gaviota y yo sé que mi amiga Maskina de Arabia también se la hace, aunque mejor hace que chambea como una loca. Se la hacen mis primas Ñañita y Resistencia y también Jícama y Bonicuasa la Cirquera. Pregunta Nara y vuelve a preguntar. También Gari y Miramaestro se preguntan, Prince y Yago el Bueno. Los de la Oficina de Gra. También Villaurrutia y Masacó.
           Somos el pueblo. Vivimos en un mundo raro debajo de un cielo rojo. Cruzan los aires señales de radio. Preguntamos por la Buena Nueva. Buscamos el camino que nos saque de aquí.
—Yo tampoco sé —nos contestamos, por SMS, por mail, por celular, en las horas que pasamos en el coche, atorados en el trafical. Mientras sabemos o no sabemos, lo único que nos queda es tratar de estar ahí los unos para los otros y, a veces, nada más de medio estar.
Coger es otra manera de estar. No es perfecta. No es incondicional ni desinteresada. No es la Buena Nueva. Pero es una manera. Es una esperanza. Y es la desesperación de vivir en un mundo raro debajo de un cielo rojo.