domingo, 4 de septiembre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (8)

Por Mauricio Sanders


—¿Nos vemos? —le pregunto a la duquesa de Caballocalco, mi amiga nueva que tiene 27 años de edad.
          —Sí. Pero el sábado no porque es mi cumpleaños y voy a empedar.
           Yo trato de dilucidar su significado. Soy 11 años mayor, así que quizá el verbo “empedar” haya cambiado de connotación. Cuando yo tenía 20 años había un alcoholímetro convencional. La escala empezaba en “estoy piti.” Después seguían “estoy jarra”, “estoy cuete” y “estoy pedo”. Luego seguía “está ahogado”, porque para esas alturas la primera persona del singular ya no podía hablar. El último grado de la escala era: “Ya perdió. Es el mueble.” Perder es “desperdiciar, disipar o malgastar algo.” Que te subieran cargando a tu cuarto y tus amigos te metieran en tu cama y tuvieran que explicarle a tu mamá que quién sabe qué te pasó si ni te tomaste más que cuatro cervezas era perder y perder es “dejar de tener, o no hallar, aquello que se poseía, sea por culpa o descuido del poseedor, por contingencia o por desgracia”.
          En la escala que yo conocí,  entre “estoy piti” y “estoy cuete” podía haber toneladas de diversión. Cantar. Bailar. Reír. Hablar. De “estoy pedo” en adelante se acababa lo divertido. En parte, porque ahí se acababa el recuerdo de la diversión, pues empezaban las lagunas mentales. En parte también porque ahí empezaban los osos. Pero no sé donde ubicar en esa escala el “voy a empedar” de la señora duquesa.
          Tal vez la duquesa de Caballocalco quiera decir lo que yo digo al decir que voy a “ponerme un tapón”. Cuánto he disfrutado mis tapones. Hay un momento riquísimo de niebla y azúcar que raspa chido. Pero para que haya un buen tapón no conviene mezclar, ni brandy con vodka pero tampoco sexo con whisky ni mariguana con ginebra. Y no es por moralina. Es por hedonismo.
           El sexo sabe mejor derecho. Si necesitaba estar cuete o jarra, pues entonces ni me va a saber el acto, una, porque me voy a quedar dormido demasiado pronto, quizá incluso antes de ejecutarlo, y dos, porque no me voy a acordar. Como once doceavas partes del gusto yacen en la memoria. Es igual con la mariguana. Sabe mejor sin mezclar. Se necesita un alto grado de lucidez para ponerse pacheco. Para gozarlo. Para disfrutarlo.
            La mota también se parece al sexo en otro sentido. Es algo que solo disfruto con alguien a quien le tengo muchísima confianza, porque me voy a soltar y dejarme ir. Necesito estar seguro. Física y emocionalmente seguro de todas las estupideces y ridículos que vamos a hacer y decir. Pero uno va creciendo y coge con gente a quien le tiene cada vez menos confianza. Y entonces goza y disfruta menos, aunque la necesidad se va volviendo mayor.
          Pero bueno, hablábamos de alcohol y de que no sé qué me quiera decir la duquesa de Caballocalco cuando dice que “va a empedar” en su cumpleaños. En la vieja escala, empedar era un acto que uno realizaba cuando estaba deprimido. Quizá el verbo haya cambiado de significado. Quizá sea equivalente a los antiguos estar piti, jarra o cuete. Pero a veces pienso que los verbos cambian menos y más lentamente que las personas. Entonces quizá la duquesa esté deprimida y su cumpleaños le ofrece una magnífica oportunidad para perder.