domingo, 25 de septiembre de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (11)

Por Mauricio Sanders


Yo peroro que el sexo es fácil y el amor, difícil. Don Boato replica que el problema no es de ahora. Para demostrármelo, saca el diccionario de la Real Academia y enuncia vocablos de la lengua española para designar relaciones de varón con mujer que no son de parentesco consanguíneo. Amante. Amasia. Amiga. Barragana. Concubina. Daifa. Esposa. Etcétera.
          —Nunca ha sido fácil —me dice Boato con cansancio, porque lo sabe todo, pero también con cariño, porque todo lo sabe.
          Yo fantaseo con don Boato que el DRAE admite una palabra para designar lo que ahora se dice con una frase: la mamá de mi hijo. Hace falta una palabra para ahorrar saliva y ganar precisión. La palabra que quisiera tendría que expresar, en forma condensada, el sentido que, en casa del Miramaestro, escuché decir a una niña sabia, con esa sabiduría senatorial que tienen los hijos de divorciados:
          —¿Quién odia más a quién? ¿Tu mamá a tu papá o tu papá a tu mamá?
          Se busca una palabra ácido-de-batería que suscite los basureros y pedregales del paisaje interior donde ahora habita a quien se designa con la frase. No es para usarla como insulto, que ya bastantes ha habido, sino para propósitos de claridad.
          La palabra que quisiera debe tener otra característica. Unamuno define “iglesia” como el edificio donde la gente se junta a llorar. La palabra tendría que ser una palabra-iglesia, para juntarme con la mamá de mi hijo a llorar su pregunta:
          —¿Pero qué nos pasó?
          Hace falta una palabra para llorar como respuesta que nos chupó la bruja. Nos cayó el chahuistle. Ninguno de los dos tuvo la culpa. Las cosas se tuercen. Se rompen. En el mundo existen la enfermedad y la muerte.
          Con mi hermana comparto papás. Con mi prima, abuelos. Con la mamá de mi hijo comparto un bultito que no pesaba ni tres kilos y meaba a cinco metros de distancia, como si hubiera nacido un hidrante cuya broma fuera querer apagar el sol. Comparto con ella sueño y susto. La vi ir derecho a parto. Vi al obstetra cortar con tijeras su vagina. Olí su leche dulce. Y nuestras manos se hablaron, mientras bañábamos al bultito en una bañera de agua tibia.
          Se busca una palabra que contenga las connotaciones de colega, cómplice y contraparte. Debe poder aplicarse en femenino y masculino. Para como van las cosas, también tendría que aceptar el caso del plural: más de una mamá/papá. No quisiera una goma de borrar. A la palabra tendría que caberle el pasado. Tendría que referir lo cierto: cuando el nudo sexual quedó deshecho, nos explotó en la jeta una babel de silencios. Pero también es cierto que bailamos quebraditas y y los dos flotábamos porque, por una breve temporada, nos amamos durante toda la vida.
          En la palabra tendrían que poder acomodarse negocios, convenios, contratos. Reuniones con abogados y sentencias del juez. Asimismo, la palabra tendría que ser un tobogán hacia el futuro. Hay hoy. Con buenos hoy se hace un mañana mejor. En la palabra tendría que poder acomodarse el día en que, con motivo de la la boda, graduación o viaje al África o la Luna de mi hijo, la mamá de mi hijo y yo nos digamos:
          —Éxito, pareja. Nos salió bien el chamaco.
          Don Boato y yo estamos buscando una palabra. Una vez que la encontremos, buscaremos otra, porque Boato, que todo lo sabe, se encariñó con un escuincle de cinco años que le dijo a “el novio de su mamá”:
          —¿Tú qué eres mío? ¿Mi ex papá?