domingo, 28 de agosto de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (7)

Por Mauricio Sanders


“Encontrar tiempo” es la frase que se usa al final del proceso. Amor y sexo empiezan por “desasosiego, solicitud, ardores y desvelos”. Crecen “con riesgos, lances y recelos”. “Conservan el ser entre engañosos velos, hasta que con agravios o con celos”, el diálogo llega a ser una variante de estas palabras:
          —Quiero verte…
          —No sé. Déjame “encontrar tiempo”.
     Estas dos líneas se pueden colorear con una gama infinita de matices emocionales, pues se pronuncian ante miles de millones de combinaciones de hechos: ella perdió, él perdió, ambos perdieron; él quiere y ella no, ella sí y él no, ninguno quiere, ambos quieren pero no pueden…  
        Usamos la expresión como pretexto aunque tengamos que torcer la naturaleza del tiempo: esa acción no se puede ejecutar sobre ese sustantivo. El tiempo no funciona así. El tiempo está dado. No es una veta de oro para que haya que escarbar para encontrarlo. No es un continente que se encuentra saliendo en barco. No es un planeta para que haya que observar al telescopio para encontrarlo. Nos levantamos por la mañana y, si despertamos, el tiempo ya está dado, ya lo tenemos, porque el tiempo es un regalo.
          Lo que queremos decir con la frase en realidad es “ya no te quiero dar mi tiempo”. Y está bien. No hay mucho nuevo que decir acerca de uno mismo si los encuentros son demasiado frecuentes. Pero tampoco nos encontramos para decirnos algo.
        No sé qué biólogo se puso a comparar entre chimpancés y humanos. Los chimpancés se encuentran para sacarse las pulgas. Los humanos nos encontramos para platicar. Ambas especies de primates hacemos lo mismo: hacernos piojito. Lo que necesitamos es tocarnos, si acaso con la voz en los oídos, si acaso con la mirada. Estar ahí uno para el otro. Decirnos uno al otro que valemos una, dos, tres, cuatro horas cada día, semana, quincena, mes, semestre, año. Y siempre, al final del proceso, resulta que uno u otro valía menos, cotizado en horas, minutos y segundos.
         No “encontrar tiempo” para encontrarnos es una manera de subrayar la insignificancia del otro. Es como decir que tengo una vida que vivir y en esa vida tú ya no tienes ningún lugar. Cuando comienza el proceso, primero hay una liberalidad extrema con el tiempo, sin importar el uso al que se le destine, comer apio, ver los goles del domingo, hablar de la tía abuela, jugar continental o coger hasta por las orejas. Al final, hay una mezquindad horrible. El amor se hizo difícil cuando somos avaros con el tiempo y hasta para el sexo vemos si todavía “encontramos tiempo”.
         He visto a mis amigas, mis primas, mis compañeras, mis hermanas, mis novias y ex novias que ya no encuentran tiempo, o que ya no lo encuentran para ellas, que ya no se los encuentro, para qué me ando de hipócrita. Con y sin tequila pasan los años. Con y sin galán. Con marido. Sin marido pasan los meses. Con hijos. Sin hijos. Chiquitos. Grandotes. Con y sin pasan los días. Religión. Condón. Toque. Tacha. Línea.  Válium. Tafil.
       Al final siempre triunfa el chimpancé que nos habita. Nos volvemos a encontrar para hacernos piojito con la mirada, con la voz, a veces incluso con el dedo. El primero de estos reencuentros siempre es obra de la casualidad. Para los siguientes, se sigue usando el mismo diálogo, aunque los tonos y matices ahora se toman de la gama de las melancolías  azules, los afectos rojos y el amarillo de lo-que-pudiera-haber-sido:
           —Ojalá que podamos vernos…
           —Quizá. Déjame “encontrar tiempo”.
      Villaurrutia y Majalia son muy prudentes. No lo encuentran hasta que pasa un año. Cuando lo encuentran es solamente para hablar diez minutos por teléfono. Miramaestro lo encuentra a la semana: un par de horas en un hotel.
      Cuando nos encontramos para cenar en casa de Gari, algunas veces hablamos de nuestros reencuentros. Ninguno de nosotros parece más feliz que el otro pero tampoco menos. Cada quien se encuentra su manera de ser hombre de este mundo raro en que vivimos debajo de un cielo rojo.