domingo, 21 de agosto de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (6)

Por Mauricio Sanders

Leí en un periódico que la Logia del Glande, organización varonil fundada en Nápoles en 1227, otorgó recientemente su medalla quinquenal a las insignes feministas que, durante 50 años, batallaron bajo el sol y el granizo, bajo las macanas de la policía y las bayonetas del ejército, por convencer a las mujeres del mundo, contra todos sus instintos y tradiciones, de que chingarse a un güey era una hazaña de seducción femenina. Estas feministas son las heroínas de los machos unidos del mundo.
        La verdad es que chingarse a un güey no tiene chiste, porque los güeyes somos constitucionalmente chingables. Durante un experimento doble ciego tomado de una muestra aleatoria, 92% de los sujetos se dejaron chingar tras cuatro minutos de recibir persuasiones. El porcentaje subió a 99.999% después de media hora.  Hasta mujeres que llevan por apodo Hulk o Chicomostoc (que en náhuatl quiere decir Lugar de las Siete Cavernas) no tienen problema para chingarse casi a cualquier güey que quieran. Los varones queremos una sola cosa. Podemos quererla más de una vez. Pero igual queremos solamente una cosa.
          Mis compañeras de grupo se quejan. Se quejan de que se chingaron a un güey y el güey las hizo bajar por los chescos y luego las mandó por las cocas. Pocas semanas después el güey habla para ver si no quiere la otra chingar un ratito. La otra se súper ofende. Llora.
             “Es que sólo le interesa lo otro. Nunca quiere platicar.”
         Pos sí. Babosa. Platicar es el precio que un güey está dispuesto a pagar por chingar. Si chinga gratis mejor ni platica. Para un hombre platicar es foreplay. No es la carnita aunque le da sabor al caldo.
          Para una mujer platicar es otra cosa. Es el punto. Quizá incluso sea el punto G. Una mujer quiere tener quien la escucha y la comprende. Por eso mi amigo el padre Scooter me contaba de que a los curitas les tiran el can mala onda. En el seminario los entrenan para escuchar confesiones. Célibes que escuchan: la fantasía sexual de una mujer. Y por eso también Villaurrutia tiene tantas amigas. Villaurrutia chinga con Ger. No pasa factura por escuchar.
         Me gustaría ojear una encuesta acerca de los sueños eróticos femeninos y masculinos. Presumo que son muy diferentes. Las mujeres no suelen tener poluciones nocturnas. Me imagino que no sueñan con con pelos y señales como sí soñamos los varones. No sé si sueñen con que se las chingan. Pero apuesto la Cheka a que sueñan con ser escuchadas. Y a que sueñan supremamente con escuchar y comprender o, para usar la expresión de moda, contener. Es la forma de su vientre. Es su sino y su estrella.
          Las feministas consiguieron, a fuerza de batallar bajo macanas y bayonetas, lo que temía Ortega y Gasset en La rebelión de las masas: la igualación hacia abajo. El sexo es fácil. Las mujeres chingan. Se rebajaron a la condición de varones. Y aunque quizá el coito siempre sea la representación de una tragedia, es diferente la puesta en escena de la amiba mayor que absorbe a la menor que la de una semilla que germina en espiga de trigo, que ha luego de romperse para terminar en pan y seguir en sangre. 
       Desde el punto de vista de la Logia del Glande las feministas ciertamente merecen una presea. Larga vida a las feministas...