domingo, 7 de agosto de 2011

MUNDO RARO/CIELO ROJO (4)

Por Mauricio Sanders

Cené en casa de Gari y Alkatschjophis. Había gente bien educada con esa buena educación que en Estados Unidos votaría siempre por el burro, en España por el clavel y en México votó por Patricia Mercado y votaría de todas todas por el partido del sol azteca, si no fuera porque todavía vive en México y no en Nueva York ni Barcelona.
          Estuve en culta compañía de personas muy sensibles, en especial a los derechos humanos. Había vegetarianos. Algunos hasta son vegan de tan sensibles que son a los derechos humanos de reses y ostiones. En aras de los buenos tiempos en que nos conocimos, casi no hablamos de política. Hablamos de cosas personales. Pero entre las cosas que salieron, dos de la compañía hicieron sendas revelaciones: uno reveló que era gay y el otro, que se había convertido al catolicismo.
          Nuestro amigo que salió del clóset fue recibido con salvas de felicitación. Los anfitriones descorcharon champaña para celebrar su valentía. Todos los que estábamos en la reunión nos sentimos orgullosos de saber que, entre nosotros, aún había valientes. Pero el que salió del clóset fue recibido con un silencio incómodo. Tras varios segundos de todos los demás mirar al techo, Alkatschjophis, cortés, exquisita, entró al quite: “¡Caray! ¡Qué gusto! ¿Alguien quiere más frambuesas?"
          Cuando, en nuestra pequeña encuesta de opinión, uno que salió del clóset resultó francamente perdedor ante otro que salió del clóset, me pareció que estaba ante un fenómeno social peligroso: mayorías que aplastan minorías. La vara con la cual se mide la vida deseable podría caer en manos que podrían usarla para volver al redil a las ovejas que se extravían.  Me causó desconfianza la manera en que el liberalismo moderno clasifica las libertades.
          Quiero decir, nuestros tiempos son duros. Ahora que el sexo es tan fácil, que el amor es tan difícil, hay demasiado llanto y, lo que es peor, ya ni siquiera hay llanto, sino mudo dolor. Con y sin tequila. Con y sin galán. Con hijos. Sin hijos. Chiquitos. Grandotes. Con y sin. Religión. Condón. Toque. Tacha. Línea. Válium. Pasón. Hay dolor. Ahora es cuando la sociedad abierta mejor tendría que funcionar, con el fin de explorar el mayor número de opciones que nos permitan encontrar el camino de salida.
          Exploraciones hay muchas. Tantas como hombres. Algunas acaban como la de Scott. Otras, como la de Amundsen. De eso se trata de verdad el liberalismo, el sistema social en el cual todos nos beneficiamos de las exploraciones ajenas, antes de iniciar o proseguir las nuestras.
          Aunque me comí un montón de frambuesas, salí cabizbajo de casa de Gari y Alkatschjophis. Pienso que, siquiera entre tanta gente culta, sensible y bien educada, el aplausómetro debió haber marcado un empate. Ambos se están arriesgando. El gay y el católico, el maricón y el mocho, los que salen del clóset, quizá sean ellos los que, con sus cuerpos, sus mentes y sus almas, están dibujando con sudor, lágrimas y sangre el mapa que, al fin, nos sirva para salir de este mundo raro en que vivimos debajo de un cielo rojo.